DESDE LA ARCADIA

Publicado en General el 11 de Marzo, 2008, 18:00 por ATHO

(Relato basado en la visión del cuadro de Nicolás Poussin-1.647- llamado: ET EN EL EGO DE ARCADIA) Por JOSÉ ÁLVAREZ ARNAL "Atho".

Todo lo que os voy a contar es verdad aunque no haya sucedido.

En aquel tiempo, el tiempo no trascurría, no existían la enfermedad, ni las brumas, ni la nieve. Todo era flores y frutos. Las fuentes eran custodiadas por doncellas que ofrecían a los caminantes agua en copas de oro. Las salamandras habitaban la región del fuego, las ondinas, la del agua, las sílfides, la del aire; los gnomos, habitaban el mundo subterráneo.

El hombre vivía en perfecta armonía con los animales y con los vegetales. 

Los Nueve Desconocidos, con solo tocar con sus dedos, producían la muerte por inversión del flujo nervioso. Valiéndose de sonidos, provocaban tempestades, y levantaban piedras enormes para construir templos. Pasaron muchos siglos, y las murallas de Jericó, cayeron al ruido de las trompetas.

A las pocas lunas de encontrarme en el límite de la tierra conocida, el Paraíso Feliz, decidí ir en busca del "Sello", que me sirviera para franquear el paso al otro mundo sin morir. Pues, había descubierto que, en la Arcadia, también habitaba la muerte. Había ofrecido repetidas veces la vid de mis tierras y la hiedra de mis bosques a los dioses, con el fin de conseguir de ellos que me dieran la fuerza de la resurrección, o la inmortalidad. No recibí contestación alguna.

A las pocas lunas de encontrarme en el límite de la tierra conocida, el Paraíso Feliz, decidí ir en busca del "Sello", que me sirviera para franquear el paso al otro mundo sin morir. Pues, había descubierto que, en la Arcadia, también habitaba la muerte. Había ofrecido repetidas veces la vid de mis tierras y la hiedra de mis bosques a los dioses, con el fin de conseguir de ellos que me dieran la fuerza de la resurrección, o la inmortalidad. No recibí contestación alguna.

Ahora, oscuridad infernal, estrellas que se apagan, juventud que se va. La vida ruge en este Paraíso, pero la nieve, que no existe para esta región, cae solo sobre mis cabellos.

Sucedió que estaba paseando por las orillas del río Alpheo, y en ese punto donde sus aguas se recogen en un cántaro, me paré a descansar.

No lejos vi a dos pastores y una pastora, ella hermosa y tierna. Dejaba al descubierto, un pecho turgente, y su pierna derecha al llevar recogido su vestido, como si acabara de llegar corriendo para incorporarse a sus compañeros, que atentamente miraban, no con estupor, sino con tranquila reflexión, un sarcófago sobre el cual había una inscripción que decía: ET IN ARCADIA EGO.

Tras un castaño nudoso que no me podían descubrir, pensaba: ¿Tenemos de verdad asumida la idea de la mortalidad en este mundo?  En esta Arcadia, otrora poblada de ninfas, sátiros, cíclopes, ha dejado paso a dioses menores.

Se han ido. Reanudo el camino. A la salida del espeso bosque, donde se aclara la vegetación, otro grupo. Esta vez escondido tras un tilo, veo tres pastores varones al lado de otro sarcófago. Uno de ellos de barba negra y poblada, señala con el dedo índice de su mano derecha una inscripción que también dice: ET IN ARCADA EGO. El más joven se apoya en la tumba de piedra y en un cayado. El tercero, también muy joven, se dirige a una bella mujer, más mayor y más hermosa que la compañera del grupo anterior. Sobre el túmulo no hay ninguna calavera. Parecen relajados.

Se han ido. Reanudo el camino. A la salida del espeso bosque, donde se aclara la vegetación, otro grupo. Esta vez escondido tras un tilo, veo tres pastores varones al lado de otro sarcófago. Uno de ellos de barba negra y poblada, señala con el dedo índice de su mano derecha una inscripción que también dice: ET IN ARCADA EGO. El más joven se apoya en la tumba de piedra y en un cayado. El tercero, también muy joven, se dirige a una bella mujer, más mayor y más hermosa que la compañera del grupo anterior. Sobre el túmulo no hay ninguna calavera. Parecen relajados.

¿La mujer será la Muerte, que se pasea por la Arcadia, y salió a pasear en busca de algún mortal? –pensaba algo confuso. No pude oír que le decía. Sí, debe ser la Muerte, que se aparece hermosa, para no asustar a los pastores. Ella volverá dentro del Arca, acompañada de alguien, y dejará la calavera del capturado sobre la tumba.

Qué tristeza, qué pesimismo.  Mas, no todo es en vano, creo. No todo es perecedero. Existe algo que es eterno, inmortal: Buscar la felicidad, dentro y fuera de la Arcadia. Eso es, sin duda, el secreto oculto de Dios.

Permutemos las letras de la inscripción de las tumbas, y formemos nueva frase: I TEGO ARCANA DEI. (Guardo los secretos ocultos de Dios).

La copa de los árboles se está llenando de un cielo cárdeno. Busco la comunicación entre dos mundos, entre le idealismo y la realidad. Expando mi espíritu, para que la energía vital que llega a mi conciencia, conecte con la energía de la tierra, y esa fuerza pueda salir de mi bosque laberíntico, por la escalera que hay entre el recuerdo y el olvido, entre el amarillo y el gris.

El viento acaricia los árboles y una luna refleja a la serpiente tentadora, entre el muérdago del amor y la perdiz de la mentira.

Me voy lejos, sobre este dragón, acompañado de este personaje de cabeza voluminosa, pelo blanco y ojos metálicos, llamado Atho de Jazaria.

JOSÉ ÁLVAREZ ARNAL.