Publicado en General el 27 de Febrero, 2009, 15:17
por Anónimo
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Publicado en General el 11 de Marzo, 2008, 18:00
por ATHO

(Relato basado en la visión del cuadro de Nicolás Poussin-1.647- llamado: ET EN EL EGO DE ARCADIA) Por JOSÉ ÁLVAREZ ARNAL "Atho".
Todo lo que os voy a contar es verdad aunque no haya sucedido.
En aquel tiempo, el tiempo no trascurría, no existían la enfermedad, ni las brumas, ni la nieve. Todo era flores y frutos. Las fuentes eran custodiadas por doncellas que ofrecían a los caminantes agua en copas de oro. Las salamandras habitaban la región del fuego, las ondinas, la del agua, las sílfides, la del aire; los gnomos, habitaban el mundo subterráneo.
El hombre vivía en perfecta armonía con los animales y con los vegetales.
Los Nueve Desconocidos, con solo tocar con sus dedos, producían la muerte por inversión del flujo nervioso. Valiéndose de sonidos, provocaban tempestades, y levantaban piedras enormes para construir templos. Pasaron muchos siglos, y las murallas de Jericó, cayeron al ruido de las trompetas.
A las pocas lunas de encontrarme en el límite de la tierra conocida, el Paraíso Feliz, decidí ir en busca del "Sello", que me sirviera para franquear el paso al otro mundo sin morir. Pues, había descubierto que, en la Arcadia, también habitaba la muerte. Había ofrecido repetidas veces la vid de mis tierras y la hiedra de mis bosques a los dioses, con el fin de conseguir de ellos que me dieran la fuerza de la resurrección, o la inmortalidad. No recibí contestación alguna.
A las pocas lunas de encontrarme en el límite de la tierra conocida, el Paraíso Feliz, decidí ir en busca del "Sello", que me sirviera para franquear el paso al otro mundo sin morir. Pues, había descubierto que, en la Arcadia, también habitaba la muerte. Había ofrecido repetidas veces la vid de mis tierras y la hiedra de mis bosques a los dioses, con el fin de conseguir de ellos que me dieran la fuerza de la resurrección, o la inmortalidad. No recibí contestación alguna.
Ahora, oscuridad infernal, estrellas que se apagan, juventud que se va. La vida ruge en este Paraíso, pero la nieve, que no existe para esta región, cae solo sobre mis cabellos.
Sucedió que estaba paseando por las orillas del río Alpheo, y en ese punto donde sus aguas se recogen en un cántaro, me paré a descansar.
No lejos vi a dos pastores y una pastora, ella hermosa y tierna. Dejaba al descubierto, un pecho turgente, y su pierna derecha al llevar recogido su vestido, como si acabara de llegar corriendo para incorporarse a sus compañeros, que atentamente miraban, no con estupor, sino con tranquila reflexión, un sarcófago sobre el cual había una inscripción que decía: ET IN ARCADIA EGO.
Tras un castaño nudoso que no me podían descubrir, pensaba: ¿Tenemos de verdad asumida la idea de la mortalidad en este mundo? En esta Arcadia, otrora poblada de ninfas, sátiros, cíclopes, ha dejado paso a dioses menores.
Se han ido. Reanudo el camino. A la salida del espeso bosque, donde se aclara la vegetación, otro grupo. Esta vez escondido tras un tilo, veo tres pastores varones al lado de otro sarcófago. Uno de ellos de barba negra y poblada, señala con el dedo índice de su mano derecha una inscripción que también dice: ET IN ARCADA EGO. El más joven se apoya en la tumba de piedra y en un cayado. El tercero, también muy joven, se dirige a una bella mujer, más mayor y más hermosa que la compañera del grupo anterior. Sobre el túmulo no hay ninguna calavera. Parecen relajados.
Se han ido. Reanudo el camino. A la salida del espeso bosque, donde se aclara la vegetación, otro grupo. Esta vez escondido tras un tilo, veo tres pastores varones al lado de otro sarcófago. Uno de ellos de barba negra y poblada, señala con el dedo índice de su mano derecha una inscripción que también dice: ET IN ARCADA EGO. El más joven se apoya en la tumba de piedra y en un cayado. El tercero, también muy joven, se dirige a una bella mujer, más mayor y más hermosa que la compañera del grupo anterior. Sobre el túmulo no hay ninguna calavera. Parecen relajados.
¿La mujer será la Muerte, que se pasea por la Arcadia, y salió a pasear en busca de algún mortal? –pensaba algo confuso. No pude oír que le decía. Sí, debe ser la Muerte, que se aparece hermosa, para no asustar a los pastores. Ella volverá dentro del Arca, acompañada de alguien, y dejará la calavera del capturado sobre la tumba.
Qué tristeza, qué pesimismo. Mas, no todo es en vano, creo. No todo es perecedero. Existe algo que es eterno, inmortal: Buscar la felicidad, dentro y fuera de la Arcadia. Eso es, sin duda, el secreto oculto de Dios.
Permutemos las letras de la inscripción de las tumbas, y formemos nueva frase: I TEGO ARCANA DEI. (Guardo los secretos ocultos de Dios).
La copa de los árboles se está llenando de un cielo cárdeno. Busco la comunicación entre dos mundos, entre le idealismo y la realidad. Expando mi espíritu, para que la energía vital que llega a mi conciencia, conecte con la energía de la tierra, y esa fuerza pueda salir de mi bosque laberíntico, por la escalera que hay entre el recuerdo y el olvido, entre el amarillo y el gris.
El viento acaricia los árboles y una luna refleja a la serpiente tentadora, entre el muérdago del amor y la perdiz de la mentira.
Me voy lejos, sobre este dragón, acompañado de este personaje de cabeza voluminosa, pelo blanco y ojos metálicos, llamado Atho de Jazaria.
JOSÉ ÁLVAREZ ARNAL.
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Publicado en RELATOS el 16 de Noviembre, 2007, 16:35
por ATHO
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Ese amor es una ventana al infinito sin bosques que oculten los encuentros, sin fuentes que purifiquen sus cuerpos mientras yacen en el azul.
Llueve temblores de soledad. Es tímida la esperanza. El ansia de besar se incrementa. No la encuentra. Y ella, ¿le busca?
Ha pasado el verano, un otoño desconocido no sabe qué le traerá. Le arrastra el temor a la soledad, a los días de humo negro, sin dioses, sin sendas que le lleven hasta ella.
- ¿Qué te pasa?
- Los besos de esa mujer son tan dulces que…
- ¿Entonces…?
- …pues, es que noto que no quiere recibir los míos. Deja que mis caricias le rocen, y no tiembla. Las lanzas al vacío. Ellas-las caricias- viven libres.
- ¡Déjala!
- El amor y la libertad están en todas las partes pero, yo no puedo elegir. Sigo sin amor y sin libertad.
ATHO
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Publicado en RELATOS el 10 de Diciembre, 2006, 19:56
por ATHO
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He tenido un extraño sueño. No sé dónde estabas, a veces te llamaba, a veces me enfurecía; no sabía si regresar a ti. Me sentía demasiado solo. El caso es, que, te veía en París cuando huiste sin decir nada.
La soledad la he hecho mía; no me importa volver o no; creo que ya no te quiero; mi novia es la soledad; no vengas ahora a mis sueños; no podría decirte lo que te quise; eres del pasado; todo es inútil; estoy muriendo sobre las huellas de nuestra pasión. Pasé días inolvidables, de intensa vida amorosa; hiciste sentirme importante; nuestra relación afectó muy profundamente a mi personalidad; no lo tenía previsto; después, en algún momento, todo fue nada; nada me importaba, y eso, eso me hizo darme cuenta que iba contra mi destino. No quiero añorarte; pienso, en lo que ahora podría decirte; ¿sabes?... No supe quererte, no hice esfuerzos; pero, siendo como fue, fue mejor. No sabré nunca si tú me quisiste; yo sí te quise.
¡Hasta nunca! Atrás quedan nuestras vidas, nuestro extraño amor; mi sensación íntima es, que así, es mejor para los dos; me habrías destruido; adiós para siempre... ¡hoy solo soy un vacío!
Se ha quedado dormido sobre las hojas de su diario.
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Niebla de madera quemada. Anda desorientado por la senda que le lleva hacia su destino. Rayos de sol iluminan un valle lleno de belleza primaveral. Allá en su interior, en el centro, una columna de humo impulsada por la brisa, se va depositando sobre el tejado de una cabaña. Es de madera y piedra cubierta de musgo. La majestuosa soledad de la casa, las prodigiosas piedras de sus muros, atraen misteriosa y amistosamente. Allí se dirige. Llama a la puerta con la palma de la mano.
¾¡Voy! Enseguida te abro amigo Atho.
La sorpresa es mayúscula. Se pregunta:<< ¿Cómo sabe mi nombre la persona que habita en esta casa solitaria, en medio de este claro del bosque?>>
Un hombre de una edad indescifrable, de cabellera y barba blanca, sonriente, le tiende la mano y le invita a entrar.
¾Pasa, no temas, sé tu nombre desde hace mucho tiempo. También supe que, vendrías por estas fechas, a este bosque sagrado. Soy el druida Aik; yo he provocado la niebla para encaminarte hasta aquí.
Se sientan al lado de una mesa de roble, sobre el tablero hay una hogaza de pan moreno y frutos del bosque. Ramas de leña seca arden en el hogar, antes de desaparecer, cuentan íntimos secretos al fuego que las consume. Un chisporroteo de brasas se precipita sobre el suelo a los acordes de una melodía invisible, mágica y alegre. Un gato, al lado, hunde la cabeza entre sus partas delanteras y sigue con ojos medio entornados, todos y cada uno de los movimientos de los dos hombres.
¾Debes saber, amigo, que nosotros los druidas, por designio de nuestras divinidades, somos preceptores de los jóvenes llamados a grandes empresas humanas. He sido elegido para darte un misterioso amuleto. Estarás obligado a emplearlo para cumplir tu objetivo existencial. Ankú, dios de la muerte, me entregó esta esmeralda, de la cual te valdrás para conseguir ese fin.
Mientras le hacía entrega de la piedra verde azulada, siguió:
¾Llévala encima hasta que encuentres la persona que necesite de su magia. Esta piedra preciosa, es una de las siete que llevaba en su frente el bello Luzbel entes de ser precipitado en las tinieblas del Abismo. Sana a los enfermos mentales. Si es satisfactoria la acción que propongas, la persona sanará y estarás cerca de conocer tu destino. La piedra desaparecerá, e irá otra vez, a las manos de Ankú.
Antes de que le pida explicaciones sobre el asunto, Aik, abre la puerta y se marcha sin ruido, como una burbuja que arrastra la brisa, como una barca que conduce el viento.
Las sendas del bosque que roturan el paisaje, se disipan al recibir una lluvia torrencial. Aik, envuelto en esa lluvia, convertido en unicornio, desaparece en la espesura.
Piensa: <<Debo huir una vez más, doblar el horizonte de los deseos y partir>>.
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Atho, entra en Barbastro, tras ser reconquistada, acompañando al rey Pedro I y a su hijo, el infante Pedro, casado con Sol, hija del Cid; al futuro rey sucesor, Alfonso; a los ricos hombres de las familias Aznárez, Garúz, Panzano, Dat, Sánchez y otros.
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¾Abracé el judaísmo en Bizancio, bajo la dinastía Isaúrica; me amputaron la memoria religiosa y la ataron a los sueños que nunca se recuerdan. Cien años antes, siendo cristiano, luché contra los árabes; Heraclio nos pagaba muy bien, nos pagaba con la moneda de oro de Bizancio, muy apreciada dentro y fuera del Imperio. Conseguimos rescatar la Vera Cruz; acorralamos a los persas, perseguimos a los búlgaros y sometimos a los eslavos; devolvimos la Cruz a Jerusalén. Corría el año 630. Ahora lucho al lado de mi señor el infante Pedro, como caballero de honor de su esposa Sol, la hija del Campeador.
Devora, miembro de una rica familia judía conversa de la ciudad del Vero, establecida desde la capitulación de Jerusalén tras la ocupación árabe, está embelesada oyendo al caballero que ha entrado triunfante en su querida ciudad.
¾Atho, mi alma, mi mente, mi destino, mi voluntad, mis deseos ardientes se transforman, se acrecientan cuando estoy a tu lado; como el viento cuando acaricia los árboles de la orilla del río, de mi corazón surge una melodía distinta; cuando se reflejan los rayos del sol y de la luna en tus ojos, me producen la curación de ésta enfermedad que me consume; esta pasión carnal que me destroza.
¾Las personas ciegas de pasión, trémulas de sexo, excitadas por el pensamiento obsceno, violentas de carne, no pueden amar con verdadera libertad, decisión y valentía. Sin brújula, camina por el desierto de su vida, lleno de amores inútiles, amores condenados a muerte.
A orillas del río Vero que riega la fértil huerta de Barbastro, Atho y Devora, descansan; sus miradas se elevan hacia la parte alta de la ciudad, donde una peña gigantesca domina toda la vega y la muralla que circunda las viviendas. Dentro de su recinto el trajín es grande, el ejército aragonés y catalán, tras largo asedio ha tomado la plaza a la morisca. La mayor parte de los asediados habían perecido y los supervivientes fueron enviados a moros de Fraga y Lérida, de acuerdo con las condiciones del rey Pedro.
Es primavera, y la ciudad, ofrece un aspecto tranquilo, la población se recupera de los estragos de la batalla. Los judíos han ocupado sus puestos en el mercado y la actividad comercial es grande.
Atho y Devora han ido en procesión a la iglesia del Santo Sepulcro, situada junto al peñón del Entremuro; es día de la Santa Cruz de Mayo; olor a tomillo y tierra mojada; sombras de avellanos aterciopelan las laderas del río.
¾¡Háblame de ti! Quiero saber de otros mundos. Mientras esto dice Devora, inclina su cabeza de melena negra cuervo, sobre el ancho hombro de Atho; entorna los párpados dispuesta a soñar con los relatos.
¾Nosotros, vivimos en llanuras sin fin, guiados por las estrellas, tratamos de encontrar senderos que nos conduzcan a la felicidad; escuchamos del viento y del silencio, las palabras que nos hunden en la verdad; somos Cazadores de Sueños. Hace muchos siglos, llegó el Viento que no tiene edad; robó las palabras de todos los seres del Universo y las enterró bajo el Tiempo, donde duermen para siempre los amores que nunca empezaron; nadie hablaba de amor; eran vulgares, descuidados y perecederos; aparecieron silencios distintos de la muerte; solo quedaron vivos los sueños.
¾¿Y...?
¾Otro día seguiré, vamos, te acompaño a casa, las sombras de los olivos se esconden bajo la tierra y es hora de regresar, debo presentarme a mi señor el Infante.
Cuando entraron por la puerta de Hierro, en la lejanía, entre el cielo derramado y el río de cristal, un inmenso terciopelo vegetal resplandecía sin cesar.
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Sus pensamientos quieren dibujar el cuerpo de Devora. Su caminar perpetuo hacia el Gran Secreto de su Destino, no debe interrumpirse, no debe escuchar la llamada de esta pasión, no debe perderse en la contemplación del amor de esa mujer. Ella lleva consigo una pasión de sexo duro y puro. Él perdería su juventud en las noches de amores prohibidos. Luego, desengaños largos, amarillos y rotos. Ella sabe amar bien, ama mal solo a quien no sabe amar con tórrida pasión. Piensa:<<Mañana le haré entrega de la esmeralda; su enfermedad de sexo, es mental; la piedra mágica le hará recobrar el equilibrio entre el amor puro y el sexo. Si como espero sucede, podré seguir mi camino>>.
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La tarde forma siluetas de montaña bajo el sol que mueve nubes y hace brillar los trigos en ondas verdes, levantando olores a la tierra húmeda; los trinos de los pájaros hacen brotan colores brillantes a los líquenes y a la piel de las salamandras, suavidades de musgo. El sol empuja al atardecer; mitad sonido de lluvia, mitas rayo, es la voz de la arboleda que protege el río.
Esclavo de su destino, Atho guarda el amor desesperado fuera del tiempo, colgado de la tristeza del principio sin final.
En la plaza del mercado está esperando Devora en la puerta de la tienda de su padre; es la hora de cerrar. Ve a Atho y corre alegre a su lado.
¾Buenas tarde amor ¾le da un abrazo y un beso prolongado en la boca¾. Qué alegría, vamos a pasear por el camino de Santa Fe y me seguirás contando lo que ayer quedó sin concluir.
Cogidos de la mano inician el paseo hacia las huertas, cruzándose con los campesinos, que llevan sus hortalizas con destino al mercado de la mañana siguiente.
¾Querida Devora: Amar es alterar lo Eterno, llenar de alegría el abismo de la indiferencia.
¾ De eso no sé nada. Solo sé Atho que te quiero como nunca pensé podría querer a nadie. Quiero que tomes posesión de mi cuerpo, quiero que tu cuerpo sea mío. Hagamos el amor ahora mismo, aquí, en esta senda, tras este cañaveral; no digas, no; te deseo tanto...
¾Devora, en un país hubo una mujer joven y hermosa como tú. Ardiente, sin trabas morales, solo quería el amor de la carne, aquella hermosura dejó sus más ardientes pasiones en las refriegas eróticas y sexuales más retorcidas, sin sentir tras cada encuentro, libertad en su vida amorosa. Aquello, que al principio le pareció bello, cubrió su cuerpo de miseria. No pudo levantar el vuelo y se alejó arrastrándose por la vida como una culebra. Un día cuando despertó y abrió sus párpados, aquellos ojos verdes, no vieron el amanecer; estaba ciega; los dioses la castigaron por no haber envuelto el amor del cuerpo con el hechizo del amor misterioso del alma pura.
¾No sé que hablas. Pero... ¿Por qué no me quieres complacer? ¿No te resulto atractiva? ¿No te gustan mis pechos? ¿Tan poco mis caderas, ni mis piernas duras como la peña?
¾Cuando el sexo duro y sórdido pone los pies en las personas, la bestialidad se apodera de todo el territorio del alma. El sexo tapa problemas de la mente y produce otros; el sexo sin amor, espejo mal pulido, nos devuelve la imagen deformada de la realidad amorosa; si no existe una paralela vitalidad espiritual pura.
Devora, te voy a hacer entrega de una piedra esmeralda. Aprisionada entre tus manos sobre tu pecho, obrará un milagro.
Atho se aleja de Devora como las hojas muertas cuando caen de sus ramas. La última ráfaga del viento lo confunde con la lejanía. Unos músicos callejeros cantan y la brisa salta del campo a las calles de la ciudad. Devora harta de verlo todo solo, roto, regresa destrozada y cae en la cama. Mientras la tristeza vuela sobre el alma por la marcha de Atho, en su regazo, aprisionada la esmeralda extraña y hermosa, renuncia al calor de sus pechos y dibujando un arco iris, desaparece entre estrellas de colores.
Atho sigue dormido sobre las hojas de su diario.
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Publicado en GUIONES el 26 de Noviembre, 2006, 18:01
por ATHO
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1-EXTERIOR-CEMENTERIO-DIA
Plano general
Un cementerio de pueblo. Las flores abundan sobre las tumbas de tierra y nichos. Está amaneciendo.
Voz hombre en off.
Las flores que adornan los nichos y las tumbas son numerosas, tanto, como son las caricias y los besos que dejamos de darles a muchos familiares y amigos cuando estaban entre nosotros.
La voz comienza cuando está el cementerio iluminado por los primeros rayos de sol.
2-EXTERIOR-SENDA QUE LLEVA AL CEMENTERIO-DIA
Plano largo
De la senda que va del pueblo, que se ve algo lejos, al cementerio. Una cruz que se levanta a pocos metros de la fachada.
Voz hombre en off.
Las mariposas azules presagian buenos augurios. Nunca he creído en su simbolismo… hoy he visto una, y he recibido noticias, buenas noticias.
Cámara: Sigue el vuelo de unas mariposas desde la cruz hasta las flores que adornan las tumbas, pasando por la verja de la puerta.
3-EXTERIOR-PLAZA DE TOROS-DIA
Plano general
Plaza de toros con carros agrícolas. Gran cantidad de personas subidas a ellos.
Voz hombre en off.
…son las fiestas patronales.
Cámara: Acompaña la salida del toro desde su salida de una caja del camión en donde ha sido transportado.
Sigue la voz en off.
Rugen los espectadores. La fiesta estalla, hermosa y española. No se… estoy enterrando los mosquitos de mi tristeza. Me dirijo hacia un destino feliz. O, ¿talvez? el destino es atractivo, lúcido, y extraordinario, porque ahora amo de verdad.
Cámara: Zoom a una mujer subida a un carro entre varias damas.
Sigue la voz en off.
Beth, te dejé porque descubrí que tu mirada estaba vacía… algo pasaba. ¡Ay!...su hubiera podido hacer un nudo celta con tus besos.
4-EXTERIOR-UN VALLE -DIA
Plano general.
Paisaje boscoso, río pequeño, piedras musgosas. Un personaje sentado, es Atho, a la orilla del río.
Voz hombre en off.
Este musgo profundo, en este valle, me recuerda que es cierto. Al otro lado, hay un mundo de hadas, de dioses y de héroes.
Voz de mujer en off.
¡Cuidado! ¡Cuidado!
Cámara: Sigue la aparición de bella mujer rubia de cabellos largos con vestimenta griega clásica que se acerca a Atho, que está a la orilla del río, y le sigue diciendo:
MUJER: Las huellas que sigues conducen al lugar de donde nadie regresa.
ATHO: ¿En qué animal me convertirás para entrar en el Mundo de los Muertos? ¿Podré hablar con Perséfone, y preguntarle el camino de regreso a mi Ítaca? Yo no quiero la inmortalidad, debe ser aburrido ser inmortal, solo quiero saber si es verdad que, en la Otra Orilla están toda la gente que se ha ido.
DAMA. La dama sonríe dulcemente a Atho, se le acerca, y le toma de la mano cariñosamente.
Sigue ATHO: No me digas que no podré volver. Ulises bien pudo entrar y salir del Hades… y, también Er, testigo y relator en el juicio de las almas. Y Sísifo. que astutamente, con sus trucos consiguió volver al mundo de los vivos.
¡Ya sé! Yo no soy un héroe, pero… Si los dioses pueden todo, ¿por qué no autorizan a entrar y luego salir para contar lo que sea visto? ¿Tiene miedo de que los mortales sepamos la verdad?
¡Está bien! No quiero que y Calipso, me persigáis por todas partes. ¡No te haré más preguntas!
DAMA: sigue mirándole con sus ojos de bruja divina, sin decirle nada.
Sigue ATHO: Además para qué quiero ir al infierno del Otro Lado, si aquí ya tenemos a Irak, Palestina, Israel…
CÁMARA: Sigue a la dama que va desapareciendo a lo lejos, adentrándose en el bosque. Se va sin despedirse de Atho.
5-EXTERIOR-EL MISMO VALLE-ANOCHECE.
Plano general.
ATHO habla solo en voz alta.
¡Nunca sabré escribir! ¡No se plasmar tanta belleza! Estoy paralizado por la "medusa" del paisaje.
¡Quiero quedarme! ¡Quiero quedarme!
Plano entero de ATHO sentado. Saca una libreta y apoyado en una piedra grande, restos de un monasterio en ruinas, escribe.
Sigue ATHO hablando en voz alta.
Escribo ahora apoyado sobre estas piedras monacales venidas de lo más ignoto, por el camino que abrieron las oraciones de los monjes de probada fe, con palabras silenciosas que volaron hacia…
Pero no consiguieron que se convirtiera el monasterio, tras su abandono, en este montón de ruina.
Ahora mi alma es una huella sobre el agua, un sueño que se consume.
Solo quiero pensar, escribir… ¡no! … no sé describir tanta paz.
¡Adiós!
ATHO se levanta y se aleja. Mientras, sigue la voz de ATHO en off.
¡Cómo agitan sus ramas los abetos! Y, no es de la brisa… estos árboles están escribiendo en el libro invisible de los siglos, la historia del monasterio.
Estoy seguro que en el próximo solsticio, sobre el dolmen de Tella, bañado por las primeras luces que se hundirán más y más en mi pecho, me transformaré en habitante de un mundo poblado de seres soñados.
6- INTERIOR-CABAÑA-NOCHE
Plano medio de Atho. Se acaba de sentar en una cadiera junto al fuego que arde en el lar.
Suena la melodía "Forever loving" de Bob Marley.
Voz de Atho en off.
Recuerdo cuando fui tirando trozos del viejo amor para huir con el nuevo. Ojos oscuros, más sexual, más misteriosa, más trasgresora… con ésta soy capaz de hazañas imposibles. Corremos sobre el bien y el mal pálidos de locura, sin contaminarnos, como Eufemo, veloces sobre las olas, sin mojarnos.
Atho se levanta y se asoma a la ventana de la cabaña.
Atho en voz alta.
Sigue sin llover. Esto es una calamidad.
7- INTERIOR-CABAÑA- AMANECER
Con los párpados entornados, Eloísa y Atho, escuchan con poderosa fascinación las notas de "Noches de Blanco Satén", abrazados delante del hogar.
Sus sombras, parpadean juntas sobre el suelo de la cabaña, muy juntas, como una sola.
Voz de Atho.
Antes de separarnos… Si quieres, veremos como se transforman en azul los pájaros al volar. Mientras abrazaré tu cuerpo que desprende olor a cerezas, y, posaré mi rostro sobre ti vientre que tiembla como las rosas de los prados.
Escucharemos como los abetos golpean el horizonte, como la tarde empuja para dar paso al crepúsculo, que desea mirarse en tus ojos de gacela.
Voz de Eloísa.
Tumbados en el prado, recibiremos un baño de luna. Y nuestras manos, se apoderarán de su magia y abriremos nuestros cuerpos de par en par para recibir las caricias, como burbujas de colores, sortijas de un amor que brilla en un paraíso imposible, perdidos en la orilla de una eternidad que no nos pertenece.
Salen de la cabaña cogidos de las manos.
Atho dice:
Somos dos grandes árboles que gritan. Cuando no nos acaricie el viento, seremos astillas en brasa, que daremos vida a un fuego eterno.
Plano general de una puesta de sol. Alejándose la pareja hasta confundirse en la lejanía.
FIN
-- La ley es poderosa, pero más poderosa es la miseria. J.W. von GOETHE.
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Publicado en EPISTOLAS el 7 de Noviembre, 2006, 22:51
por ATHO
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¡Oh! Mi Dama de la Hiedra, hasta mi ha llegado "La historia del Manuscrito". Mi amigo Heroginto, es como el lobo depurador de misterios, pero no sabe nada de mis últimas andanzas. La última vez que nos vimos -mal momento-, nos perseguía el desconocido que roba las sombras, y ante la posibilidad de quedar incompletos por muerte de nuestro espíritu, cada uno de nosotros huyó por diferente camino. Él, hacia "La Tierra de la Oscuridad" y yo, hacia "La Tierra donde sale el Sol".
Es buen amigo con quién conversar y beber. Espero que acuda al Bosque de los Faunos Adúlteros. La noche de la primera Luna del mes de Gntal, los límites de los péndulos de nuestras vidas inexorables y necesarias deben juntarse por designio de los dioses, y la necesidad no tiene ley, estaremos por encima de todo y de todos.
Me encuentro ahora en la frontera entre Armenia y Turquía, entre los yezidis. Ando buscando cualquiera de las siete torres construidas sobre: Niger, Sudan, Los Urales, Turkestan, Liberia, Irak y Siria. Quiero comunicarme con las fuerzas subterráneas con el fin llegar a conseguir la paz.
Sí, ya sé, que la paz es como los pétalos de anémona, pueden ser esparcidos al menos soplo de viento, es efímera, pero me gustan las utopías.
Sí, mi Dama de Hiedra, ¡volver a Ítaca! Yo no cuento la distancia recorrida, que la se, sino cuánto me falta por recorrer, y eso solo los dioses lo saben.
Gracias por "las Edades de Atho".
ATHO
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Publicado en RELATOS el 18 de Octubre, 2006, 11:32
por ATHO
Entre estos viejos árboles con
sudario de nieve, un nudo de nubes amordaza las últimas estrellas. Dentro, el silencio del bosque,
espanta los centauros de colores que duermen sobre las zarzamoras. Las mariposas que se perdieron por
dédalos misteriosos en la primavera, esperan la llegada de las flores de
orégano, adorno de las montañas. Los cuervos, portadores de las almas de los
condenados, señalan el camino que lleva al otro lado del ocaso. Estos perfumes miran por doquier a
las cigarras que custodian el umbral del paraíso. En este momento, detenido en la
pureza del paisaje, recuerdo el olor de su piel como un perro el de su presa. Y
los trazos trenzados de un pentagrama imposible sobre su vientre. Son los
últimos poemas de amor que precipitaron de golpe mi tórrida pasión. Una
recóndita música de pétalos y lluvia, para olvidar sus silencios, hozan mi alma
como jabalís hambrientos. Jamás le mentí. Creí saberme
adivinado. Pero, el engaño estaba a mi vera, y yo no lo veía. Se vuelve triste el valle. Parece
invierno. El pasado se pierde entre el rumor de los pinos.
ATHO
11.05.06
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Publicado en EPISTOLAS el 8 de Octubre, 2006, 14:05
por ATHO
Varios cielos nos separan. No se encuentran los amigos que se esconden tras un apodo. Arrancados de un contenido fatal, estamos en una quietud ligera, rígida. La juventud da reposo a la esperanza, bajo el círculo lleno de penas, el tiempo que pasa golpea montañas de oscuridad. Y se ahueca. Acallar su estrépito, pensar, llenar de tristeza los cubos de basura, es mi sino.
Aquí al lado, el río brioso está lleno de risas de espuma. Y mis penas intactas, junto al barranco de vicio, están llenas de buitres. Me voy al desierto. No quiero a los buitres, ni a la tristeza, ni al pasado que pasó. No existe la felicidad para mí. Me voy.
Cobardía y amor, anidan y renuncian fuera de mí. Nunca en alguna inmensidad nos perdimos fuera de las estrellas. Destruimos un amor al margen del Edén. Las caricias eran gloria que atascaba nuestras almas. El sonido de los besos enmudeció por donde se cae el olvido. Amores áridos, fríos, melodía triste, que adormece.
Los fantasmas que nos acorralaron, marchitaban rosas al amanecer, sin ruido, dejando olvidadas las cadenas que arrastraban.
Desde entonces las estrellas caminan sin rumbo, las hojas de los árboles tiritan. Nunca conoceremos que nos tiene reservado la providencia, esa quimera de arrugas majestuosas, que nos ayude a escapar del castigo.
No te recomiendo que regresemos, nuestro castillo se ha perdido entre las brumas del infierno...
ATHO
03.10.06
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Publicado en RELATOS el 1 de Octubre, 2006, 18:47
por ATHO
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¡Espérame Dama Blanca! Quiero mirar en el espejo que refleja luz cernida, como se aleja mi existencia arrastrada por las amenazas de este largo vivir.
La vida hechizó mis más resplandecientes ilusiones con opacas mentiras envueltas en aromas de fantasía; me embriagó con sus melodías, me confié en sus brazos, y no hallé la verdad; hollé senderos amistosos entre sombras envidiosas que me asustaron, y me quedé sin amigos.
Los barros de la realidad atraparon penas sin piedad; licores de esperanza, nublaron mi vida soñada entre sarmientos de estigmas amargos.
¡Espera Dama Blanca! Mañana quisiera, disfrazado de noche, descender al valle, y quedarme junto a los abedules; el río abrirá sus ojos, y con su silencio de serpiente, me recogerá entre cañaverales, y buscaremos senderos nuevos para sentir el resplandor del sol lejos de las sombras que vagan al atardecer; llegaremos donde duermen las estrellas del viento, los cantos de espuma marina y el fuego que allí brota al atardecer, quisiera verlo por última vez.
¡Espera un momento Bella Dama Blanca! Ya percibo que pasa para siempre mi tiempo. Te acompañaré a los pinos que duermen entre las nubes; esperaré ese invierno tuyo, que nunca abandonas. A tu lado espero ver como crecen los árboles y las fuentes, donde nacen los ríos que llevan al Paraíso, lejos de la vejez y de Ti; y recordar a los que eternamente hubiera olvidado y las caricias sagradas de aquellos amores que anidaron en la bóveda de la Verdad y de la Ternura, y que me resultó invisible e imposible descubrir en esta vida. Espero conocer el Secreto que guía los Destinos de los hombres. Y si no es así, ¿por qué vienes?
¡Oh! bella Dama de Blanco, no sonrías, me das escalofríos. ¡Está bien! Te acompaño.
ATHO
22.02.06
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Publicado en EPISTOLAS el 28 de Septiembre, 2006, 23:26
por ATHO
Quise deshojar la intención del destino que tenías en tus besos. Embrujado, esperé incansable que terminara de vaciarse grano a grano el cristalino reloj del amor.
Las estrellas que dormían en tus ojos desaparecieron. Fueron noches de lobos y aullidos de hiena. Tus labios callaron muertos. Fueron rocas rojas de indiferencia.
Te fuiste… ¿recuerdas?
Mis manos añoran tu cuerpo. La distancia ha suavizado la tristeza y ha dejado entrar a la nostalgia.
"… yo no era nada antes de amarte", me decías, y te alejaste. Y yo, al sordo olvido.
Lejos del silencio que salía de la cuna de tus pechos, de la noche anclada en tu pubis, me quedé sin paisajes. Fui recuperando un oasis de sosiego en el desierto que dejó tu separación, sobre el vientre de gaviota blanca, escribiendo poemas que van borrando el dibujo de tu cuerpo de noche de luna.
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